Se sabe hoy en dí­a que las experiencias no resueltas de nuestra infancia, influencian para bien y para mal a la hora de relacionarnos con los demás y muy especialmente, frente un menor. 

 

El ritmo de la vida actual es muy fuerte y de cambios e informaciones constantes; por ello, l’Espiga y cada familia, procuramos interrelacionarnos para revisar, poner palabras a las experiencias y actuar en consecuencia para educar de la mejor manera y poder crecer juntos.

 

De adultos, y sin ser conscientes de ello, a veces, nos descubrimos actuando como lo hacía nuestro padre y/o madre. Lo curioso del caso es que odiábamos aquella actuación y ahora la hacemos nosotros. Ello se debe, en gran medida, a nuestras neuronas espejo que almacenaron estas actuaciones y ahora las reproducimos de forma mecánica.

 

También nos descubrimos con reflexiones del tipo: ¡ya me lo decía mi madre!, pero me lo decía de una manera que provocaba en mí todo lo contrario siempre que podí­a. Los adultos deberí­amos saber y recordar que el habla tiene mucho poder ya que es la expresión de los pensamientos y estos son energía que al hablar se le suma a la energía del sonido o voz. Si además le sumamos que siendo pequeños y al comunicarnos con los adultos nuestra mirada es de abaja hacia arriba, los adultos son más altos, esta es una posición de indefensión.

 

Todo ello, nos indica, entre otras muchas cosas más, la importancia de la etapa infantil en la vida del futuro adulto. Ello nos exige a padres y educadores en general, que nos conozcamos y nos respetemos actuando en consecuencia para que podamos transmití­rselo a los niños.

 

Desde su escuela l’Espiga, felices logros.