Mi hijo Daniel, de 28 meses, a veces, tiene sus berrinches. Casi siempre se producen porque las cosas no se ajustan a sus expectativas. Por ejemplo, con papi, hace unas cosas y, con mami, otras, y así tiene que ser siempre. Su última reacción para conseguir lo que quiere es provocarse el vómito. Y, entonces, es cuando yo me enfado mucho o, al contrario, termino aflojando. No logro tener ese punto medio que tiene mi marido, que se desapega y está tranquilo. ¿Cómo lo hago?

 

RESPUESTA DE LA ESPECIALISTA EN INTELIGENCIA EMOCIONAL:

 

Los niños son retadores y desafiantes, siempre que quieren conseguir algo. Tu hijo se comporta así­ para poder conseguir cosas contigo, que, a veces, ya has comprobado que no ocurren con su padre, que se desapega y está tranquilo, según comentabas. Tienes una oportunidad sensacional para observar más qué es lo que hace que tu marido pueda enfrentar esa situación, qué pensamientos tiene, qué hace y cómo lo hace y, después, imitarle.

 

Si tu hijo nota que estás enfadada, aprovechará para insistir, porque sabe que acabarás cediendo. Si, en cambio, consigues regular ese enfado y canalizarlo de una manera más efectiva, se desconcertará y verá que tampoco obtiene lo que pretende. Hace falta mucha serenidad y, sobre todo, no ceder ante la rabieta. Nunca se le dará nada si tiene una rabieta, porque, entonces, aprenderá que esa técnica funciona.

 

Te animamos a que detectes el momento previo al enfado y empieces a respirar de manera profunda (las respiraciones por la boca tranquilizan, si se realizan lentamente). Te animamos a llegar a ese punto medio del que ya hablaba Aristóteles. Encontraremos la virtud del punto medio con la práctica. Empieza a regular tu enfado en otras situaciones para que no se produzca ese secuestro emocional que te conduce a la ira.

 

Los costes emocionales son altos (también a nivel corporal), de manera que, cuando los padres aprenden a controlar estas situaciones, también están enseñando a sus hijos. Necesitan que les enseñemos maneras más efectivas. ¡Merece la pena!