Dos meses antes del segundo cumpleaños de Micky, el siempre complaciente y delicioso muñequito empezó a desarrollar una terca y voluntariosa costumbre que tení­a preocupados a sus padres. Cuando acudieron a mi consulta, algunos meses más tarde, se hallaban ya al borde de la desesperación.

 

“Dice a todo que no”, me contó la mamá de Micky. “¡Incluso a cosas que le gustan y que él desea, dice que no!” “¡Se está convirtiendo en un auténtico monstruo!”, intervino el padre.

 

Echó un vistazo hacia el otro extremo de la habitación, donde el pequeño jugaba plácidamente con bloques de colores y un cochecito de muñecas. Él captó de inmediato mi mirada y me respondió con una sonrisa, tras lo que volvió a su atención al jugo de construcción.

 

Pregunté a los padres si eran conscientes de lo normal que es el hecho de que un niño de dos años empiece a marcar su independencia diciendo que no. Aparte de resultar algo normal, constituye una faceta importante de su desarrollo. Les sugerí que quizás estuvieran preocupados porque se habían formado una idea poco realista acerca de cómo debe de ser un niño de dos años y que, en lugar de eso, podí­an sentirse complacidos de que Micky estuviera en el buen camino en lo referente a su comportamiento.

 

“Bien, puede que sea normal; pero de todos modos, está volviéndonos locos”, dijo el padre. “¿No hay nada que podamos hacer para pasar esta época con algo más de tranquilidad?” Sí­, realmente se puede hacer algo.

 

1.- Plantéele una elección

 

Siempre que le sea posible, plantee alguna elección a su hijo de dos años. Si la hora de la siesta representa un problema para él, pregúntele si prefiere que le cuente un cuento antes de la siesta o cuando se despierte.

 

En lugar de ordenarle que se lave las manos para cenar, pregúntele si quiere lavárselas solo o si prefiere que usted le ayude. (si el niño no quiere lavárselas solo, hágale saber que usted tendrá que ayudarle).
Niños terribles dicen NO

2.- Induzca situaciones en las que el niño pueda decir “no” y felicítelo por su habilidad para pensar por sí mismo.

 

Recuerde que su misión es guiar a su hijo, no controlarlo. Así pues, permítale que, en ocasiones, exprese sus preferencias sin considerarlo una amenaza para su misión como padre. Por ejemplo, podrí­a decirle:”¿Te gustaría llevar los tirante azules con estos pantalones?” o bien: “¿Quieres venir conmigo a regar el césped?” Hágale saber que se ha dado cuenta de que él ha encontrado una nueva forma de hacer las cosas o de que tiene su propia opinión sobre algo. Eso le proporcionará una saludable conciencia de sí­ mismo y, de hecho, le ayudará a rechazar las presiones cuando sea un adolescente.

 

3.- Póngase en su lugar

 

Imagínese un mundo donde todos son tres veces más “grandes” que usted; un mundo repleto de objetos fascinantes para subirse sobre ellos y para meterse debajo, estupendos lugares por los que explorar y multitud de cosas para meterse en la boca. Los lugares públicos como restaurantes y supermercados son muy problemáticos porque no le permiten que despliegue su elevada energía; alguna distracción lo bastante atractiva puede ayudarle a pasar el tiempo en dichas situaciones (vea más adelante). Si aprende a contemplar las cosas desde una perspectiva así­, puede resultar una experiencia altamente positiva para los dos.

 

4.- Intente distraer a su hijo.

 

En su mano está evitar multitud de conflictos innecesarios con su hijo, alejando su atención de la situación en que probablemente le contestará que no. Por ejemplo, puede intentar lo siguiente:

  • 1· Propóngale contarle una historia (se la inventa) sobre un niño con el mismo nombre que él y un animal, Toby el gato, por ejemplo.
  • 2· Plantéele un jugo consistente en encontrar lo que necesita en el supermercado.
  • 3· Hágale un jugo con el mantel mientras espera en el restaurante. Tenga a mano pequeños objetos y juguetes para poder sacarlos en situaciones semejantes.
  • 4· Intente cantar el Frëre Jacques con el (incluso aunque piense que no saber cantar).

 

Usted es más creativo de lo que se piensa. Los niños pequeños notan que cuentan con su atención y tienden a distraerse con relativa facilidad, lo que les hace olvidar decir que “no” sin necesidad.

 

5.- Ponga límites.

 

Los límites permiten que su hijo se sienta protegido. Todos los niños los necesitan y los desean. Sin límites, se vuelven ansioso e inseguros. Poner lí­mites le corresponde a usted, del mismo modo que usted es el que debe reforzarlos. Así­ pues, cuando se produzca un bajón en las relaciones entre usted y su hijo, impóngase y persevere, sin importante que él comience a protestar.