La entrevista del mes: La casa….¿Referente afectivo?

 

Refugio y, a la vez, espacio de descubrimientos y de prohibiciones. Para un niño, la casa es un lugar que, inconscientemente, vincula a su “historia” y a ciertas emociones.

 

Para un niño, la casa es un espacio seguro en el que puede crecer.

Las experiencias, alegres o tristes, que vive en ella quedan estrechamente ligadas a este espacio, ya que el niño asocia el escenario a las emociones. Son “estímulos cruzados”: por ejemplo, cuando se vive un suceso en un lugar impregnado de un determinado olor, suele ser suficiente reconocer ese mismo olor para recordar aquel lugar y revivir las emociones que se experimentaron en él.

 

Una casa es un volumen que el niño percibe en función de su altura.

Para el pequeño, la casa es un “castillo”. Para hacerse con el espacio, el niño suele adaptarlo a su medida: bajo la mesa, en su “cabaña”, está protegido en un recinto, proporcionado a su altura, donde se encuentra a gusto.

 

Una casa es un espacio de enlace del interior y el exterior, de lo privado y lo público.

En la casa, hay umbrales que traspasar, como el de la puerta de entrada (que comunica el interior y el exterior), o los que comunican una habitación con otra. Las puertas son importantes, ya que pueden abrirse y cerrarse de modo que ofrecen la posibilidad de encontrarse con otras personas. Pero también preservan la intimidad de cada uno.

 

En una casa hay lugares importantes porque están prohibidos.

También hay lugares “iniciticos”, como el trasero: hace falta valor para entrar en un espacio en el que se acumulan objetos variopintos, a veces en penumbra, y controlar la imaginación en torno a lo que puede haber allí­.

 

Un cambio de casa puede generar la sensación de haber perdido el nido.

Sobre todo si la casa está asociada a personas que viví­an cerca, a las que queríamos y que nos querían. Al alejarnos de ese espacio, los afectos a él vinculados se perciben de otro modo.

 

Una casa se hace con el tiempo.

En el cuento de Los tres cerditos, la casa que se mantiene en pie es la que más tiempo tardó en construirse. Es la que resiste el peligro, frente a las que se hicieron de forma apresurada.

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Maurice Titran y M. H. Gros para popi 219