1.- SORPRÉNDALOS SIENDO BUENOS.

 

Los niños suelen repetir las conductas que llaman la atención. Esta circunstancia puede parecer simple, aunque, de hecho, tendemos a pasar por alto las ocasiones en que nuestro hijo hace lo que le decimos: no destroza sus juguetes, recoge sus cosas de propia iniciativa, mastica y se traga los guisantes, hace sus deberes, juega sin armar ruido y se va a la cama sin montar un drama. En lugar de fijarnos en esas ocasiones, reservamos toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que no hace las cosas como nosotros queremos.

 

Cuando su hijo haga algo que usted querrí­a que llevara a cabo con mayor frecuencia, tome buena nota de ello. Agradézcale sus acciones de una forma directa. Si se trata de un niño pequeño, puede demostrar su agradecimiento por medio de abrazos, palmaditas en la espalda, sonrisa, varios “oooh” y “aaah”. Comente su buen comportamiento con otras personas. Los niños parecen tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos; deje que oigan conversaciones en las que usted ensalza de forma entusiasta los méritos de la conducta del pequeño.

Sorpréndalos siendo buenos

2.- RECONOZCA CUALQUIER MEJORA.

 

La próxima vez que su hijo mejore su conducta – por ejemplo, saque notas más altas en la escuela, se levante antes por la mañana o se limpie mejor los dientes-, háblele de ello. Tome buena nota de cualquier pequeño esfuerzo, aunque usted está convencida de que su hijo puede hacerlo mejor. “Quiero que sepas que me he dado cuenta de que te está¡s esforzando”. Si la mejora resulta espectacular para él, puede decirle: “Así­ vas por buen camino, está¡s mejorando”. El hecho de que usted perciba la mejora fortalece la voluntad de su hijo de intentarlo otra vez.

reconozca cualquier mejora

3.- OFREZCA INCENTIVOS.

 

Enter las recompensas que citamos más abajo, elija las que más le gusten a su hijo, y utilícelas como incentivo para una buena conducta:

  • A· Para un niño menor de diez años, considere la posibilidad de hacer una tabla, donde se relacionen las actividades caseras de su hijo en la cual irá colocando estrellas aquellos dí­as en que lo haga mejor y más rápido. Los profesores de primer grado de todo el mundo vienen usando este método desde hace muchos años, porque funciona. ¡Los niños adoran acumular estrellas! Una estrella dorada premiará una acción realmente espectacular. Azul, una excelente. Verde para las acciones ejecutadas aceptablemente. Rojo para expresar: “¡Caramba, has mejorado!”. Procure mostrarse creativo y generoso.
  • B· A un niño mayor de diez años ofrézcale privilegios. Esta técnica puede hacer milagros. Los niños están tan condicionados por nuestra costumbre de quitarles algo cuando se comportan mal, que nos dispensan de inmediato su atención cuando les concedemos pequeños privilegios para premiar un buen comportamiento; permiso para levantarse más tarde, una salida extra u organizarle una pequeña aventura en la que sus amigos puedan participar, un incentivo en permisividad. Aplí­quelo a algo que sepa que su hijo aprecia de forma especial.

Ofrezca incentivos

4.- OFREZCA ALTERNATIVAS A SU HIJO PARA QUE ÉL PUEDA ELEGIR.

 

Siempre que le sea posible, plantee una elección a su hijo en lugar de darle una orden. No le diga: “¡Cállate!”, sino:”Puedes quedarte aquí­ y jugar sin hacer ruido o bien salir afuera y hacer todo el ruido que quieras.” En lugar de “ponte la chaqueta”, pregúntele: “¿Qué chaqueta prefieres, la roja o la verde?”
Ofrezca alternativas a su hijo para que él pueda elegir

5.- USE LA DISTRACCIÓN.

 

Si desea abrocharle el cinturón de seguridad en el coche a su hijo pequeño, aguce el ingenio, póngale la parte de arriba del pijama o realice otra maniobra que le mantenga distraí­do. En lugar de decirle: “¿Quieres ponerte el cinturón de seguridad?”, pregúntele: “¿Quieres que te cuente la historia del perro Sesi mientras te pongo el cinturón de seguridad?”. (Fí­jese en el detalle de que la pregunta es si quiere o no que le cuente la historia y no si quiere o no que le ponga el cinturón).

 

Casi siempre podrá disuadir a su hijo de un mal comportamiento siendo bromista y juguetón con él o contándole una historia (sobre todo si en ésta aparece él mismo y algún peludo animal). En caso de que no se sienta especialmente inspirado, pruebe con la siguiente historia:
Use la distracción

EL PERRO SESI

Nathan, ¿quieres que le cuente la historia del perro Sesi? Bien, pues había una vez un perro llamado Sesi y un niño pequeño llamado Nathan. Un día, Nathan fue a visitar a su abuelita. El perro Sesi no paraba de saltar de arriba y abajo y de ladrar. Así­ que la abuela le dijo a Sesi: “¡Para, Sesi para!” y Nathan, que apenas tenía edad para saber hablar gritó: “¡ABAJO, Sesi, ABAJO!”